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Diciembre 2, 2009
Para eso me gustaba el Tiger Woods. Pa' que saliera con sus "capillitas" y le explotara todo en su cara de niño bueno. Infiel. Cochino. Débil. Mentiroso. Tengo más adjetivos, pero me los voy a guardar porque creo que el resto de los medios faranduleros se han encargado de mencionarlos todos. El escrutinio y juicio público es el menor de los problemas que el golfista tiene por resolver. Su principal preocupación debe ser arreglar las cosas con su esposa, ser honesto consigo mismo y asumir las consecuencias de sus actos. La mayoría de las personas pueden resolver este tipo de "situaciones" en privado, y aunque Tiger quiere ser de una de ellas, ya se dio cuenta que por ahí no va la cosa. No cuando dejas que la gente -la mayoría admiradores--saque sus propias conclusiones después de que tú te dignaste sólo a escribir un comunicado de prensa lleno de eufemismos en tu website oficial. Al momento de escribir esta columna, una chava ya dijo que no tiene nada qué ver con Tiger, y otra ha confesado a la revista US Weekly que tuvo (¿tiene?) un amorío con "Tigrillo". Hay un correo de voz que aparentemente confirma su historia. El golfista dejó que un problema doméstico se saliera de control y ahora no tiene pa'dónde hacerse más que encaminarse hacia un calvario que él mismo provocó. "He decepcionado a mi familia y lamento mis transgresiones con todo mi corazón. No he sido fiel a mis valores y al comportamiento que mi familia merece de mí. Tengo fallas y soy lejos de ser perfecto", escribió Tiger el miércoles en su sitio de internet. Si yo fuera Tiger, ya estaría marcándole a David Letterman para pedirle consejo sobre cómo admitir en televisión nacional que eres un cuernero y que, aunque te arrepientes, sabes que la regaste y que serás persona non grata para millones durante un buen rato. Esta historia continuará... pmagdaleno@aldiatx.com |
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